En el centro de la ciudad

 

Vivo en el centro de una ciudad 

y no pareciera ser poca cosa,

aunque en realidad lo es.

Vivo en un edificio donde todos vivimos juntos

pero totalmente desconectados unos de otros.

Camino por las calles y aún me sorprende

como cada uno puede vivir su propia individualidad,

olvidándose del de al lado.

Sin notar la presencia, energía o sentir de ese 

otro mundo que tenemos enfrente.

Pienso en el egoísmo, en la mediocridad 

y también pienso en la soledad.

Pienso en la importancia de educar en valores

y recuerdo que no existe educación

donde hay una panza vacía.

Tampoco existe el valorar

Cuando tenés comida hasta la indigestión.

Pienso en la desigualdad

y el pecho se me cierra cada vez un poco más.

Pienso en el hambre

y el nudo en la garganta solo me permite hablar de impotencia.

Pienso en la pobreza y recuerdo que la mitad de nuestros pibes está hundida en ella.

Pienso en la ignorancia y como a veces (demasiadas veces)

es la que define nuestros destinos.

Pienso en todas las cosas que veo y sé que están mal

y me siento tan pequeña para modificar.

Pienso en el tiempo, 

como el testigo silencioso de nuestros peores dolores

o de nuestras más bellas alegrías.

Pienso en el silencio y 

vuelvo a pensar en la gente que camina por la calle

casi en piloto automático, dormidos,

encerrados siempre en la burbuja individual.

Pienso en el silencio

y escucho ese grito feroz

que me obliga todo el tiempo a despertar.






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